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¿Cuándo tiene sentido tener bonos en un portafolio?

No todos los portafolios necesitan bonos. Cuándo tiene sentido incluirlos, qué rol cumplen en distintos horizontes de inversión, y cómo afecta la edad y el perfil de riesgo la decisión.

¿Cuándo tiene sentido tener bonos en un portafolio?

Foto de Ibrahim Rifath en Unsplash

El artículo anterior explicó qué es un bono y cómo funciona. Este encara la pregunta más práctica: ¿cuándo tiene sentido incluir bonos en un portafolio, en qué proporción y qué se puede esperar de ellos?

El argumento clásico para los bonos

La lógica tradicional de combinar acciones y bonos viene de la Teoría Moderna de Portafolios de Harry Markowitz, publicada en 1952 y reconocida con el Premio Nobel de Economía.1 La idea central: activos con correlación imperfecta —que no se mueven exactamente igual— reducen la volatilidad del portafolio combinado sin necesariamente bajar el retorno esperado.

Históricamente, acciones y bonos han tenido correlación negativa en los momentos de estrés de mercado: cuando las acciones caen fuerte, parte del dinero se refugia en bonos de gobierno, lo que sube su precio. Esa relación inversa convierte a los bonos en un amortiguador natural de la volatilidad de la renta variable.

El portafolio 60/40 —60% acciones, 40% bonos— se volvió la versión más conocida de esta lógica. Durante décadas fue la referencia para un apetito de riesgo moderado: más crecimiento que un portafolio solo de bonos, más estabilidad que uno solo de acciones.1

El debate de 2022

En 2022, el portafolio 60/40 tuvo su peor año desde 1937, con una caída de alrededor de −17,5%.2 Lo inusual no fue la caída en sí, sino que acciones y bonos cayeron al mismo tiempo: la correlación entre ambos pasó de negativa a positiva por primera vez en dos décadas.

La razón fue la inflación. Cuando la inflación sube de golpe, los bancos centrales suben las tasas; y como vimos en el artículo anterior, una subida de tasas baja el precio de los bonos existentes. En 2022 la subida fue tan rápida que golpeó a la vez a las acciones (cuyas valoraciones se comprimen cuando las tasas suben) y a los bonos (cuyos precios caen). El diversificador no diversificó.

La recuperación y el estado actual

La historia post-2022 importa. En 2023, el 60/40 tuvo una fuerte recuperación de doble dígito. En 2024 y 2025 dio retornos cercanos al 15% cada año, aproximadamente el doble de su mediana histórica de largo plazo.2

La correlación entre acciones y bonos también se fue normalizando: llegó a un pico de 0,80 a mediados de 2024 y bajó a 0,16 a finales de 2025, de vuelta hacia el rango histórico de correlación baja o negativa.2 Con rendimientos de bonos hoy más altos que en la era de tasas cero, el colchón de ingresos que dan los bonos es mayor que en 2020–2021.

Cuándo tiene sentido incluir bonos

La respuesta depende sobre todo de tres variables: horizonte, tolerancia a la volatilidad y necesidad de liquidez a mediano plazo. Así juega el trade-off en distintas situaciones —no como receta, sino como la lógica detrás de los marcos convencionales—:

Horizonte largo (20+ años), alta tolerancia a la volatilidad. Las acciones han superado históricamente a los bonos en retorno real a largo plazo. Quien no va a necesitar el dinero por dos décadas tiene poco que ganar en retorno esperado al agregar bonos, y bastante que ganar en compuesto si mantiene más renta variable. La volatilidad en el camino es el precio de ese mayor retorno esperado.

Horizonte mediano (5–15 años) o necesidad de capital en ese plazo. Si parte del portafolio se va a usar para un objetivo concreto —educación de los hijos, una vivienda, el retiro en 10 años—, los bonos bajan la probabilidad de tener que vender acciones en el peor momento. Los marcos convencionales suelen subir la proporción de bonos a medida que el objetivo se acerca.

Horizonte corto (menos de 5 años) o ya en retiro. Cuando se acerca el momento de usar el dinero, la volatilidad de las acciones se vuelve un riesgo real. Una mayor proporción en bonos estabiliza el capital cuando ya no hay tiempo de recuperarse de una caída profunda.

Cuánto exactamente en cada caso es donde empieza la decisión personal, no una regla.

La limitación que el 2022 hizo evidente

El 2022 recordó que la correlación negativa entre acciones y bonos no es una ley física: es una tendencia histórica que depende del régimen macroeconómico. En períodos de inflación alta y tasas en subida, los dos activos pueden caer a la vez. Para quien construye portafolios de largo plazo, esto implica no depender de los bonos como único mecanismo de estabilización, sino entenderlos como una pieza con un rol específico que puede funcionar o no según las condiciones.

Qué porcentaje de bonos incluir, y de qué tipo —de gobierno de corto plazo, corporativos, de mercados emergentes—, es parte del diseño del portafolio personal de cada compañero. No existe una proporción correcta universal.


Esto no es asesoría financiera. Indexa opera bajo un modelo de ejecución únicamente.


Fuentes


  1. Capital Group, 60/40 portfolio explained: how it works and why it matters: origen en la Teoría Moderna de Portafolios de Markowitz (1952, Nobel de Economía) y lógica de diversificación acciones-bonos. https://www.capitalgroup.com/individual-investors/sg/en/resources/education-hub/60-40-portfolio.html 
  2. Morningstar, 150 Years of Stock and Bond Market Crashes: How the 60/40 Portfolio Held Up: la caída de −17,5% en 2022 fue la peor del 60/40 desde 1937. https://www.morningstar.com/economy/6040-portfolio-150-year-markets-stress-test — State Street Global Advisors, 60/40 strategy regains strength (octubre de 2025): recupera 

Foto de Ibrahim Rifath en Unsplash